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El 10 de agosto de 2012 libro “Mieses” en línea
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Prólogo
MIESES se caracteriza por fragmentar la
certeza, la emoción, la razón y lo social, para posteriormente reunir su prosa
y poética en instantes, momentos y convicciones. Se le define en totalidad al
leer uno solo de sus poemas y textos, por poseer el compás del eco, con
sensaciones perennes. Una muestra de lo expuesto se observa en su propia
condicionalidad: Te haré una
canción para emerger del pasado, vivir el presente y ver el futuro como opción/
shhhhh te haré una canción para hablar a solas, sin palabras que hieran y
maquillen la razón.
Desde luego, el
estilo autoral de De la Roussell, también está provisto de imágenes reiteradas,
además de la tonalidad evidenciada en líneas anteriores. Como muestra un botón:
No soy cuenta cuentos, no soy ni
enfermedad ni medicamento, no soy espacio ni tiempo, no soy un pergamino ni
palabras al viento; solo soy un intento.
Al fin y al cabo, él mismo reconoce, de alguna manera, que lo fundamental queda
descrito, tal cual lo enmarca en “Una noche distinta a las demás”. «Hoy asumo la responsabilidad por las
consecuencias de mis hechos».
La emoción se incrementa —si se le puede definir así— en esta Obra. Pues es obvio cuando el autor, —en el medio de sus convicciones—, versa con entereza y libertad: Mi dilema
es buscarte/ entre el tiempo y el espacio. / Mi miedo es no encontrarte/ mi
anhelo es volver a amarte. Al alcanzar aquella ausencia, en repetidas
ocasiones el significado de sus palabras se vuelca en instantes que su silencio
pretende reconsiderar y en efecto se perpetúa así.
En el medio del
eco y tonalidades —deducción dada como prólogo a MIESES—, la lectura recurre a un equilibrio, naturalmente humano, —De
la Roussell no es la excepción— donde todo parece una canción en el alma y
porque él mismo
autor sugiere: Un compromiso de verdad no precisa de príncipes y
princesas / Oh ¡vana falsedad! Un compromiso de verdad / Necesita de humanos,
de justicia y voluntad.
Si bien es cierto, en la generalidad los
humanos emancipan la emoción de la razón, este poemario lo vuelve un juicio
social: En las vísperas de
este impulso redentor, utópicas acciones pierden su esperanza, en un acto de
temor. Cada poema o
prosa, sin orden aparente, delibera más de una postura o pose ante la vida. Así
se percibe en “Nada vale”: Si tu amor es amor, no distingas diferencias, que
en esencia somos iguales y tú y yo merecemos ser. Como siempre, la
conjetura metafísica, a la cual pretende el autor, posee un solo fin, justicia
exterior.
Resulta curioso, pero cuando se avanza en
la lectura de MIESES, suceden un par de particularidades: Una de ellas es el
lenguaje utilizado en la redacción, en la cual se halla una especie de jerga
religiosa —no necesariamente en el contenido—.
Seguramente esa sea la motivación, pero el autor no lo aclara, tampoco es
importante que lo confiese, porque claramente confía en ese miedo con que construyen las superestructuras en el mundo.
Es inevitable citar a De la Roussell y no
corroborar la primera particularidad mencionada en el párrafo anterior. Me
ofenden las casualidades y sus siervos, aquellos que esperan al mundo cuando el
mundo los ha negado y que atribuyen todo bien a un mal que les ha llegado.
¡Vasallos! rompan sus cadenas sin miedo y háganse señores de plebeyos, porque
quizá el dolor de ahora sea una nada comparado con el que deviene.
La segunda particularidad es la protesta
social e intima, reunida: ¡Lluvia! Riega este suelo ¡Alimenta el fértil
terreno! Como era de esperarse, en MIESES se revierte, la prosa poética se
sumerge de pensamientos, reflexiones, probabilidades, sentimientos, ausencias,
de compromisos internos y del comportamiento epistemológico concienzudo de un
individuo en las variadas sociedades.
Es indudable, no solo el
ideal pondera en el autor, también algunos temores, porque al avanzar por la
vida y conocerla, de pronto nos gana la ironía — ¿De qué otra forma
resurgiríamos?— Temo que en una sociedad tan domesticada como la nuestra,
muchos ni siquiera siguen al pastor, sino como parte del rebaño solo siguen el
rebaño, y van en medio o detrás, lo cual me deja con menos esperanzas sobre el
porvenir.
No hay emoción sin razón,
no hay individuo solo en la sociedad, siempre otro le acompaña. Seguramente —y
no es condicionalidad del autor— el lector sentirá empatía cuando refiere «Vida… ¡Gracias! Muchas gracias Vida, porque me has enseñado con
tu oscuridad lo imponente de tu luz de día». Tal cual se indico al inicio de
esta imagen prologada de MIESES, De la Roussell desfragmentó cada estado de
ánimo en su prosa poética para posteriormente entregarnos, quizá una canción, o
una razón para hacer el amor.
Alejso LuisChacón
Escritor, periodista, comunicólogo
